Y así mientras el señor tigre meditaba, con meditación lenta
y profunda, se alejó la cebra con su bolsito verde de ir al mercado. Vaya, se
fue, pensó el tigre bueno, cuando después de mirar al cielo en busca de una
respuesta para el dilema que tenía, comprobó que la cebra ya no estaba delante
de su vista. Por una vez, cebrita, te has librado.. que yo soy un tigre malo,
pero que muy malo…
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